Compañero del alma, compañero
Se nos ha ido Francisco Baena Bocanegra, abogado penalista de reconocido prestigio, Medalla de Sevilla, poseedor de muy altas condecoraciones del Ministerio de Justicia y de la Abogacía española, toda una institución en la ciudad, rey Gaspar en la Cabalgata del Ateneo, como le gustaba recordar, y académico. Pero sobre todo, una magnifica persona que ha ejercido la abogacía con excelencia y maestría durante casi seis décadas.
Es de lamentar la perdida de tan buen profesional, garante de los derechos e intereses de los miles y miles de clientes que le confiaron su defensa y su libertad, sobre la que casi siempre hay que decidir en los procesos penales. Admiro a los abogados que intervienen en esa jurisdicción, pues valoran más que nadie la libertad.
Ello les obliga a entregarse al máximo para no defraudar la confianza y procurar que la sentencia definitiva se acerque lo más posible al valor absoluto que es la Justicia. Ese objetivo depende en buena medida de la intervención de los letrados, determinante muchas veces del sentido de la sentencia. Paco lo sabía bien.
Alta responsabilidad la de posibilitar a ultranza que los jueces nunca condenen a un inocente y que las sentencias sean proporcionadas, pues es muy grave imponer un sólo día más de privación de libertad de lo que sea justo. Mi iniciación forense, hace ya casi nueve lustros, lo fue ante la Audiencia y compartiendo estrado con Paco Baena, defensor del otro acusado. Ya en aquel mi primer juicio aprendí mucho de él.
Su fallecimiento nos deja huérfanos de un magnifico compañero. Se vuelve a repetir la historia: sólo el hachazo fatal de la parca nos coloca ante la autentica dimensión del amigo perdido, que entonces se nos muestra en plenitud. En el hueco de su ausencia se agolpan recuerdos, memoria y enseñanzas. Esta elegía es un grito de pena contenida.
Duele el alma al no poder darle un último abrazo al compañero, defensor infatigable de la Justicia, ejemplo de jovialidad perenne al paso de los años y amante convencido de la abogacía y la libertad, sus grandes devociones. Duele el corazón al despedir a un buen compañero.
Ha sido un honor haber sido durante veinticuatro años su decano, como me decía. En realidad siempre fue él mi decano en edad y sabiduría, como yo le replicaba.
Confío en la misericordia de Dios en ese último juicio, sin fiscal ni togas, que a buen seguro se habrá resuelto a su favor. Ya lo tenemos definitivamente allí, para que en su día argumente en nuestra defensa si fuese menester.
Emulando a Miguel Hernández, ahora más que nunca me encantaría poder decirle a Paco “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”.
José Joaquín Gallardo
Decano emérito del Colegio de Abogados de Sevilla
Compañero del alma, compañero a Francisco Baena Bocanegra por José Joaquín Gallardo
Compañero del alma, compañero
Misceláneas
Organizaciones
Personas
Abogados dedican medalla a sus colegiados en tres siglos historia
El decano del Colegio de Abogados de Sevilla, José Joaquín Gallardo, expresó hoy su gratitud a la ciudad y al...
Exitosa presentación de 'Sevilla, la ciudad más amada' primer libro de Jose Joaquin Gallardo Vídeo
El Colegio de Abogados de Sevilla ha acogido este lunes la presentación del libro 'Sevilla, la ciudad más amada' del decano emérito de esta institución,...
José Joaquín Gallardo presenta el lunes 4 su primer libro “Sevilla, la ciudad más amada’, en el Colegio de Abogados de Sevilla
La entrada es libre hasta completar aforo
Farruquito dice en el juicio que no sabe si es culpable o inocente.
El juicio de Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, ha coincidido con las protestas que los funcionarios de la administración de...
