Antonio Rendón . En una fecha ya inscrita en la memoria colectiva de la localidad, la comunidad parroquial de Alcalá del Río ha recibido con honda satisfacción la comunicación oficial del Arzobispado de Sevilla por la que se reconoce canónicamente al Buen Fin como Agrupación Parroquial.

Este reconocimiento supone un paso decisivo en la consolidación eclesial y pastoral de una realidad que, desde sus inicios, ha venido desarrollando una intensa labor de culto, formación y caridad en el seno de la Iglesia local. La nueva condición jurídica, otorgada conforme a la normativa canónica vigente, no solo refrenda el compromiso y la madurez del colectivo, sino que lo integra de manera más plena y estable en la estructura orgánica de la Archidiócesis.

La figura de Agrupación Parroquial constituye, en el ordenamiento eclesiástico, una etapa significativa dentro del itinerario institucional de las corporaciones de fieles, al implicar el reconocimiento formal de su identidad, fines y estatutos, así como su vinculación directa con la autoridad eclesiástica y la parroquia en cuyo ámbito desarrolla su vida espiritual.

Para Alcalá del Río, este hito reviste además una dimensión histórica y social. El Buen Fin, arraigado en la tradición religiosa y cultural del municipio, ha sabido conjugar la devoción popular con una acción pastoral coherente, contribuyendo activamente a la vida litúrgica y a la proyección solidaria de la comunidad cristiana.

La resolución del Arzobispado de Sevilla reconoce, en definitiva, el camino recorrido y abre una nueva etapa de responsabilidad y crecimiento. Bajo la guía de la Iglesia diocesana, la Agrupación Parroquial del Buen Fin está llamada a profundizar en su misión evangelizadora, fortaleciendo la formación cristiana de sus miembros y su servicio a los más necesitados, con la mirada puesta en el bien común y en la transmisión viva de la fe.

Con este reconocimiento oficial, Alcalá del Río reafirma su secular tradición religiosa y celebra un acontecimiento que, más allá de su dimensión jurídica, constituye un motivo de legítimo orgullo para toda la comunidad.

Foto Antonio Rendón Domínguez