Antonio Rendón . La Catedral de Sevilla ha incorporado recientemente una nueva obra pictórica a su vasto patrimonio artístico. Esta pieza, encargada por el Cabildo Metropolitano, honra la figura del Beato Marcelo Spínola, cardenal arzobispo de Sevilla y figura clave de la Iglesia hispalense entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Los restos de Spínola reposan en el interior del templo, y esta obra se presenta como un tributo a su legado espiritual y pastoral, integrándose en la Capilla de Santiago y contribuyendo al enriquecimiento tanto devocional como cultural del templo sevillano.

El cuadro, un óleo sobre lienzo de 89 x 100 centímetros, ha sido realizado por el pintor Raúl Berzosa, quien ha desarrollado una interpretación artística del Beato Spínola que, sin abandonar el rigor histórico, trasciende el retrato convencional. En él, el cardenal aparece sentado, con la mirada dirigida hacia el espectador, vistiendo el hábito coral propio de su dignidad episcopal. La imagen transmite una profunda solemnidad y serenidad, cualidades que marcaron su figura y su magisterio pastoral a lo largo de su vida.

Lejos de limitarse a un retrato descriptivo, la obra refleja una sintética reelaboración de varias fotografías históricas, que el pintor ha reinterpretado a través de un lenguaje pictórico contemporáneo, manteniendo el respeto por la iconografía tradicional. Un aspecto particularmente significativo de la composición es el protagonismo de la sede episcopal del coro de la Catedral, visible en el fondo del cuadro. Este elemento arquitectónico no se presenta como un mero contexto visual, sino que establece un diálogo simbólico con la figura del Beato Spínola, resaltando la conexión indisoluble entre la iglesia catedralicia y el prelado, tanto en su dimensión espiritual como en su legado físico. Esta simbología subraya el compromiso profundo de Spínola con la sede hispalense, cuyo influjo fue decisivo para la historia de la Iglesia de Sevilla.

Desde el punto de vista cromático, la obra se caracteriza por una paleta sobria y armónica, centrada en los tonos tierras—siena tostada, ocre amarillo y rojo cadmio—que aportan calidez y equilibrio a la composición. Estos tonos favorecen una atmósfera de calma y reflexión, en consonancia con la solemnidad del espacio sacro que alberga la obra. A través de esta elección cromática, Berzosa logra realzar la figura del Beato Spínola sin recurrir a contrastes excesivos, promoviendo una lectura pausada y contemplativa acorde con la sacralidad del entorno.

La incorporación de esta obra de Raúl Berzosa en la Capilla de Santiago reafirma el compromiso del Cabildo de la Catedral de Sevilla con la valorización del arte contemporáneo al servicio de la fe y la memoria histórica. De esta forma, la pintura no solo rinde homenaje a la figura del Beato Marcelo Spínola, sino que se integra con naturalidad al legado artístico de la catedral, creando un puente entre el pasado y el presente. Con esta acción, la institución eclesiástica demuestra su empeño por mantener viva la tradición, a la vez que fomenta la reflexión sobre la continuidad y el diálogo entre la historia y las manifestaciones artísticas contemporáneas.

Este nuevo testimonio pictórico, por tanto, no solo se configura como una representación de la figura de Spínola, sino como un vehículo de memoria y fe que articula el legado histórico de la Iglesia de Sevilla con el vibrante pulso de la creación artística actual.