Antonio Rendón . El término Epifanía procede del griego epiphaneia, cuyo significado es “manifestación” o “revelación”. Esta celebración, profundamente arraigada en los países de tradición cristiana, conmemora la manifestación de Jesucristo al mundo y ocupa un lugar destacado dentro del calendario litúrgico. En el ámbito popular, la Epifanía se asocia especialmente a la tradición de los regalos entre familiares y seres queridos, evocando los dones ofrecidos por los Reyes Magos al Niño Jesús recién nacido.
Tal como expresó el papa Benedicto XVI en su Homilía de Epifanía de 2013, los Magos de Oriente representan la búsqueda sincera de la verdad y de Dios por parte del ser humano:
«Los magos querían saber si Dios existe, dónde está y cómo es. Si Él se preocupa de nosotros y cómo podemos encontrarlo. No querían solamente saber. Querían reconocer la verdad sobre nosotros y sobre Dios y el mundo. Su peregrinación exterior era expresión de su estar interiormente en camino, de la peregrinación interior de sus corazones. Eran hombres que buscaban a Dios y, en definitiva, estaban en camino hacia Él. Eran buscadores de Dios».
Desde el punto de vista teológico, la Epifanía del Señor es una celebración cristiana que conmemora los momentos en los que Jesucristo se manifiesta o se revela al mundo. Aunque popularmente se identifica con el Día de Reyes, la tradición cristiana reconoce al menos tres grandes epifanías: la manifestación de Jesús en su Bautismo en el río Jordán ante san Juan Bautista; su revelación a los discípulos en las Bodas de Caná; y la adoración de los Magos de Oriente. Estos acontecimientos forman parte del conjunto de celebraciones litúrgicas vinculadas al tiempo de Navidad.
Históricamente, la fecha de la Epifanía coincidió con antiguas celebraciones relacionadas con el aumento progresivo de la luz solar tras el solsticio de invierno, un fenómeno simbólicamente asociado al triunfo de la luz sobre las tinieblas. En este contexto, la Iglesia cristiana vinculó la celebración de la Epifanía a la manifestación de Cristo como “luz del mundo”, integrando y resignificando antiguas festividades de carácter solar.
En la doctrina católica, la Epifanía a los Magos reviste una especial relevancia, ya que estos sabios de Oriente representan a los pueblos no judíos y a las distintas civilizaciones del mundo pagano. Al reconocer al Niño Jesús como el Mesías, se subraya el carácter universal de la salvación cristiana, anunciada ya en diversos textos del Antiguo Testamento. Tal como relata el Evangelio de san Mateo (Mt 2, 10-11), la adoración de los Magos simboliza el reconocimiento de Cristo como Salvador de toda la humanidad.
De este modo, la Epifanía del Señor se configura no sólo como una celebración religiosa, sino también como un acontecimiento de profundo valor cultural, histórico y simbólico, que continúa formando parte esencial del patrimonio espiritual y tradicional de numerosas comunidades.
