
De la serie B al cine de gran presupuesto, de contar con un público específico a captar la audiencia más popular, de la apariencia más cutre a los últimos efectos especiales, la historia del cine de zombis es la evolución de un subgénero (siempre realizado con pocos medios) que, de forma progresiva, acaba conquistando al gran público, hasta que llega a reinar tanto en la pequeña pantalla (The Walking Dead) como en las salas de cine, incluyendo este último blockbuster protagonizado por Brad Pitt. Sin embargo, Guerra Mundial Z es más cine apocalíptico y catastrofista que el cine de zombis al que estamos acostumbrados, con ciudades asoladas por ejércitos de muertos vivientes, edificios que explotan, un espectacular accidente de aviación, vehículos destrozados y toda la parafernalia tecnológica que es habitual en las cintas que se acercan a la extinción de la raza humana o al fin de nuestro planeta. De hecho, Guerra Mundial Z es una película de zombis sin una pizca de gore; aquí no vemos ningún mordisco, ni destripamientos, ni mutilaciones, ni disparos en la cabeza, e incluso apenas vemos la sangre. Todo lo que puede ser desagradable para la vista es obviado a conciencia, sabemos que está ahí pero la cámara no lo muestra. Posiblemente es la primera película de zombis en la que el espectador no tiene por qué cerrar los ojos en ningún momento. El filme también se aparta de la corriente más conocida, la de los cadáveres que andan como las muñecas de Famosa o arrastran los pies como si tuvieran alguna cojera. Los de Guerra Mundial Z son rápidos, muy rápidos, y saltan como simios; son del estilo veloz y rabiosamente agresivos de 28 días después y la secuela 28 semanas después. Además se reproducen con celeridad, cada nueva víctima se convierte en zombi en sólo diez segundos, por lo que un ejército de monstruos se forma en pocos minutos. Guerra Mundial Z es cine de acción, terror, suspense y gran espectáculo, con un héroe (Brad Pitt) que debe encontrar la solución para frenar una plaga que está diezmando la población de la Tierra. La cinta es un producto sumamente entretenido, con secuencias tan impactantes como el asedio de Jerusalén o el propio arranque de la historia. Lástima que haya un par de detalles de guión poco creíbles y un final demasiado convencional. También hay que soportar uno de los males endémicos del cine actual: movimientos bruscos de cámara y planos que duran uno o dos segundos (desde que llegó Michael Bay con su montaje frenético, la capacidad visual del espectador debe ser sobrehumana para entender qué ocurre con exactitud en algunas escenas). Añadamos también un ligero tinte político: un yanqui que trabaja para la ONU y una soldado israelí acaban formando pareja para salvar el mundo, ahí es nada.

